Opinión

Don Miguel Montes García

Era de los abogados que se formaron en la rigidez del precepto, el ropaje de la ética y el ejercicio estricto de la responsabilidad

  • 10/09/2021
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Poseedor de una gran inteligencia, Don Miguel Montes García iba por la vida con elegancia natural y con un incisivo y fino humor. Era de los abogados que se formaron en la rigidez del precepto, el ropaje de la ética y el ejercicio estricto de la responsabilidad    Egresado de la Universidad de Guanajuato, a la vera de su mentor Eugenio Trueba, fundó Radio Universidad, de la que fue locutor gracias a su magnífica y educada voz. Escogió la disciplina del Derecho laboral.  Fue funcionario estatal del ramo y uno de los más exitosos negociadores de contratos colectivos. Era pues un abogado que le gustaba llevar la negociación al límite.  Lo que en la política le trajo consecuencias y reconocimientos.

Fue titular de educación de Guanajuato. Los maestros lo recuerdan con afecto. Años más tarde y gracias a ese conocimiento logró una de las leyes de pensiones más adelantadas del país.  Algún día el titular de obras del estado lo bromeó, ¿Ud., que hace?  ¡No es capaz de hacer un puente! ¿De cuantos días? le contesto.

Dos veces Diputado federal y dos local.  Y en los intervalos de aquella época Oficial Mayor de la Cámara de Senadores. Alternaba con buenos parlamentarios. Él lo era también.  Agudo, en alguna ocasión que saludaba al Presidente López Portillo, le comentó, Presidente esta Ud., muy fortachón, Don José respondió, es para que cuando tenga que quitarse la camisa frente a una dama ¡no nos de vergüenza! bueno, ¡¡es cuestión de vergüenza entonces!!  festejando ambos el chistorete.

Buscó ser Gobernador. Los tiempos no lo acompañaron, y aceptó como un honor su incorporación a la Corte. Antes de los dos años vino la reforma al alto tribunal y lo jubilaron, claro antes de tiempo. Molesto entonces reclamó la falta de las formas en la transformación del poder judicial.

Presidió la cámara en el delicado momento de la asunción del Presidente Salinas. El colegio electoral que entones dictaminaba y la propia ceremonia de toma de posesión, Carlos Salinas lo respetaba mucho. Era un hombre honorable, incorruptible. Fue Procurador del entonces D.F. Ahí conocí me dijo, lo mejor y lo peor de la sociedad mexicana.

Con los hechos de lomas taurinas lo hicieron fiscal del caso Colosio. Estudió como nunca todas las vertientes, se pronunció, corrigió y se volvió a pronunciar.  Habló con los presidentes que le dijeron, ¡le creemos, pero en público seguiremos manifestando nuestras dudas!

Se retiró a Guanajuato, a litigar con éxito asuntos cuantiosos y otros muchos pro bono.

La relación con Don Eugenio Trueba Olivares fue muy cercana. Socios de despacho, pero sobre todo de aficiones intelectuales. Don Eugenio abogó y de alguna manera logró el cambio al primero Constitucional. Era un filósofo cristiano.  Don Miguel más liberal abonaba en sus ideales.

Montes fue respetado. Su honradez fue cabal. Perdió varias oportunidades por ser leal a su pensamiento. No fue, por ejemplo Senador o Embajador, aunque lo hubiera tenido muy al alcance.

Aceptó regresar al Congreso local, fuimos compañeros. Ambos teníamos antecedentes en el parlamento, amigos en la Federación.  La relación fue por demás interesante. Acabamos siendo muy buenos amigos. Hasta el 11 de septiembre que murió.

Con matrimonios amigos departíamos seguido. Cantaba, se reía. Siempre lo escuchamos con atención y respeto. Fue un hombre respetable, integro y muy capaz.  ¡Adiós querido amigo!

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