Opinión

Militarización

La militarización es el resultado de no contar con otra opción, no hay de otra porque no se ha hecho mínimamente la tarea de fortalecer instituciones policiales

  • 17/01/2022
  • Escuchar

Militarización es un término que, de suyo, es algo fuerte, drástico y para algunos puede sonar hasta incómodo, y es que cuando hablamos de militares, de milicia, del ejército o de cualquier cosa que tenga que ver con esto, en realidad nuestro pensamiento se traslada a algo que es firme, que tiene o representa una fuerza muy particular, si alguien nos habla de soldados, nos imaginamos a esas personas que, de entrada, vamos a encontrar invariablemente uniformadas con un uniforme verde de camuflage, tampoco le podría faltar el arma de grueso calibre, un arma grande y poderosa, y a ese personaje inmediatamente lo relacionamos con la guerra, el soldado es el que va a la guerra, ¿no es así? Pues seguramente por este concepto que tenemos de lo militar es por lo que ahora el ejército se está haciendo cargo de las funciones y tareas de seguridad pública, porque ocurrió que la falta de estrategia, de políticas públicas adecuadas y, sobre todo por la corrupción, la delincuencia organizada y no organizada y la violencia en general, llegaron en México a tales extremos que cuando los gobernantes ante la evidencia de la falta de capacidades con lo que tenían a su alcance hasta entonces, acudieron a lo que les representó una posible solución echando mano de los soldados, los militares y el ejército para que se hicieran cargo de enfrentar ese grave problema.

Ello, debido también a que cuando pensaban en otra solución ocurría que la imagen de los policías municipales o estatales no les alcanzaba para resolver el tema y que se pudieran hacer cargo de un reto de tales dimensiones, y es que esas corporaciones, en buena medida, además de que no estaban formadas, capacitadas, equipadas ni orientadas adecuadamente para hacer frente al fenómeno que se presentaba, eran parte del problema porque precisamente en esas corporaciones era en donde se había arraigado la corrupción que permitió que los grupos criminales y las asociaciones delictuosas crecieran en capacidades y generaran niveles de violencia que ya no podían ser controlados de la misma forma en que se había tratado de hacer durante mucho tiempo sin lograrlo. Y no se vaya a entender que hablo mal de las instituciones policiales solo por tratar de encontrar algún culpable o que pretendo descalificar o desprestigiar a los policías, la verdad es que estos servidores públicos, en su mayoría, son verdaderos héroes anónimos que merecen un reconocimiento social indiscutible, pero la realidad, por otra parte, nos dice que la falta de apoyo de parte del Estado y quienes lo representan a nivel cupular, que se traduce en falta de profesionalización, de equipamiento, de salarios y prestaciones decorosas y muchos otros factores, no permitieron que los policías civiles mantuvieran un nivel de operación con resultados satisfactorios y que pudieran resistir los embates de la corrupción, era una consecuencia irremediable en esas condiciones y es por ello que las instituciones de seguridad han quedado prácticamente en escombros, más aún cuando se da intervención al ejército ante su incapacidad y se les relega a un segundo o ulteriores niveles.

El problema no es menor si consideramos que no se ha cumplido con la obligación de fortalecer las capacidades institucionales de las policías, no obstante que había un mandato legal que lo imponía, pero tampoco si consideramos que el ejército no está formado, capacitado ni preparado para llevar a cabo esas funciones, es decir, se está tratando de resolver el problema con instrumentos y herramientas que están diseñados para otra cosa, tal como si pretendiéramos que un ingeniero en aeronáutica espacial diseñara o reparara un tractor agrícola, o como si un médico neurólogo pretendiera curar a un paciente con problemas del corazón, ello no quiere decir que sean incompetentes per se, lo que ocurre es que no están desempeñando las funciones para las que fueron formados y en las que se capacitaron, lo que hay que hacer es emplear a los especialistas para cada caso y darles las herramientas que necesitan para que puedan resolver el problema que se les plantea, de manera que puedan emplear las técnicas correctas y seguro que lograrán sacar adelante cada encomienda, sin dejar de considerar que si uno u otro aceptan la encomienda de resolver algo para lo que no tienen el conocimiento, quizá también incurran en un acto indebido.

Pues bien, esto es lo que está ocurriendo con el tema de la militarización de la seguridad pública, no obstante que ha sido claro que las estrategias y técnicas militares no son las adecuadas para resolver el tema de la seguridad ciudadana y que antes de que iniciara el actual sexenio había un consenso casi total en ese sentido, utilizado por los candidatos incluso en sus promesas de campaña, quienes hoy gobiernan siguen empeñados en que así debe ser e ignoran por completo la experiencia interna, las experiencias internacionales que son parte de la historia y las opiniones de los expertos de todo el mundo, todo motivado por el hecho de que hay un sector de la población a quien le complace pensar que se puede combatir con estrategias y técnicas de guerra a los grupos criminales por el hecho de que cuentan con un volumen de fuego muy alto y por el temor que infunde la violencia descomunal que amablemente nos muestran todos los días las redes y los medios de comunicación.

Creo particularmente que el ejército podría ser de gran ayuda desde sus propias trincheras, que podría coadyuvar a generar condiciones favorables, brindar asesorías específicas, fortalecer algunas estrategias, en fin, podría ser verdaderamente un factor de empoderamiento para el Estado, pero no asumiendo completamente, como ahora ocurre al menos a nivel federal, las funciones de seguridad ciudadana. Hoy por hoy, los organismos internacionales como Human Rights Watch nos están diciendo que América Latina sufre una grave crisis en materia de Derechos Humanos y esto en buena medida tiene que ver con lo que estamos diciendo, como un factor que juega un papel importante en esta realidad.

Lo cierto es que la militarización es el resultado de no contar con otra mejor opción, hay que decirlo claramente, es que no hay de otra porque no se ha hecho mínimamente la tarea de fortalecer integralmente a las instituciones policiales civiles y a las dependencias relacionadas con el abandonado tema de la prevención del delito y de la violencia, además de que la seguridad se ve como un tema aislado, cuando en realidad tiene que ver con todo un sistema de seguridad y justicia, hemos insistido en divorciar a la seguridad de la justicia y tenemos como resultado que hay que dejar en manos de nuestro ejército el combate a la violencia, aun si no se tiene política criminal ni estrategia, y en ello estamos poniendo en riesgo a una de las instituciones más importantes y de mayor fortaleza que puede tener un estado nacional, sus Fuerzas Armadas.

 

 

RENÉ URRUTIA DE LA VEGA.

rurrutiav@urrutiaconsulting.com.mx

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.