Opinión

Los orientales

Los uruguayos son fieles al principio de sus ancestros que decían: "¡que naiden sea más que naiden!". Por eso sus procesos democráticos son dignos de observación | Francisco Arroyo Vieyra

  • 02/12/2019
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Uruguay es un país que vale la pena estudiar. En medio de dos gigantes, Brasil y Argentina, con mucha agua, extensas planicies de muy buena tierra y muy poca población. Se dice que Uruguay podría tener a más de 20 millones de habitantes y tiene apenas tres. Su "paisito", como ellos mismos le dicen con entraña patriótica a su nación.

Una población de origen mayoritariamente europea. Los autóctonos, charrúas son los menos, más bien apellidos italianos, güeros y de ojo claro, que desarrollaron un amor muy propicio por el trabajo de la tierra, la soja, los cereales, el arroz, la ganadería, los maderables, lácteos y, en fin, una tradición por el campo que necesariamente incluye la vitivinicultura con el champán con denominación autorizada y la uva tannat.

En Uruguay tienen pocos héroes, pero los veneran mucho y a cada paso. Los 33, los orientales, Artigas, Flores, Rivera son onomástica propicia para calles, parques, regiones.  El culto a sus artistas completa el cuadro: Rodó, Figari y los constructivistas. En fin, en Uruguay quieren a los suyos.

Han desarrollado en medio de esta orientalidad, rasgos que le son comunes. No les gusta la ostentación, aman a los libros, les gusta la cultura y la música, y los asados. Sobre todo los asados y apasionadamente el futbol.

Son fieles al principio de sus ancestros que decían : "¡que naiden sea más que naiden!".

Por eso los procesos democráticos uruguayos son dignos de observación. Tuvieron a principios del siglo XX legislaciones de avanzada: divorcio, voto femenil...  Se organizaron con un partido patriótico, el Colorado, al que le surgió otro de balance, el Blanco. Algo así como el PRI y el PAN

El mundo encontró en Uruguay la alacena pródiga para compensar las penurias de las guerras mundiales. A ambos bandos les vendieron a saciar. Barcos llenos de comida iban a Europa y regresaban con autos, pinturas, mármoles, muebles.  Una arquitectura impresionante y un estilo de vida educado y con cierta aristocracia.

Plácidos vivieron hasta que la corriente del plan cóndor los agarró en medio de las convulsiones de los Tupac Amaru y sus enemigos verdes que impusieron la dictadura del Goyo Álvarez por años.

A México vinieron casi 1,300 exiliados, a salvar la vida, la libertad y hacer de su urumexicanidad un estilo que gozan aún.

En la residencia de México en Carrasco y en la propia embajada en el viejo edificio Tucci, entraron y salieron los refugiados que sintieron la sede como propia. Una casa organizada hasta el más mínimo detalle. El Embajador Vicente Muñiz Arroyo y  Gustavo Maza Padilla fueron magníficos. Alzaron la voz, exigieron respeto, lograron salvo conductos, se la rifaron.

El Partido Colorado logró la vuelta a la democracia. El Goyo acaba de morir encarcelado y su defunción mereció un pequeño comentario.  El gran estadista Julio Maria Sanguineti se alzó con la presidencia y alternó con Lacalle Herrera para luego regresar

Hace quince años se conformó el Frente Amplio. Una mezcolanza de corrientes de izquierda que se unieron alrededor de un personaje queridísimo en Montevideo, el célebre Tabaré Vázquez, un apóstol de la medicina que regresó a su segundo mandato.

Fue este estadista, su honradez y austeridad, lo que le abrió la puerta al proverbial José Mujica, cuya historia de sencillez y simpatía es conocida y reconocida por todos. Tabaré el responsable. Mujica el revolucionario. El primero con políticas de largo aliento. El segundo la prisa por redistribuir la riqueza

Hoy los uruguayos regresan al Partido Blanco. Con el acompañamiento de los colorados y de una parte importante del ejército con el General Marini al frente. Harán seguramente un buen gobierno. Son todos, unos y otros civilizados, demócratas , austeros, buenos pues.