Opinión

Le malade imaginiere

Bastaba dejar que el consumo interno se reactivara. Esa era la tarea del nuevo gobierno. Repartir la riqueza equitativamente. Matizar la desigualdad

  • 17/04/2020
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En la cúspide de la exótica expedición de Luis Buñuel a la cultura surrealista, imagino la escena de una muy elegante cena, en la que los cuarenta invitados la pasan bien.   El set, una suntuosa casa de Polanco sirve como escenario del gran evento. Jorge Rambal y Lucy Gallardo la hacen de anfitriones. El tiempo pasa y se prolonga hasta muy tarde, hasta que se dan cuenta que por alguna razón no pueden cruzar el umbral del comedor. No pueden salir, están circunscritos a las amplías cuatro paredes.

De alguna manera, la situación que se antojaba irreal se convierte en extraña realidad.  La que hoy vivimos. La pandemia. El chahuiztle extraño que nos llegó de oriente

No podemos cruzar el umbral de nuestra puerta. No hay. Fuerza física que nos lo impida. Es el auto convencimiento de que es lo menos malo para controlar al minutero apocalíptico que nos ronda con fauces milimétricas y superpoderosas, que igual nos hace las cosquillas que los quita literalmente el aire para respirar

Moustro. No minutero

Una sociedad tan pujante e inquieta. Tan movilizada. Tan consumidora. Una que parece no estar atada a nadie ni a nada. De repente se congela, en un encierro dramático e insospechado

México estaba destinado sin más a ser una potencia.

Bastaba dejar que el consumo interno se reactivara.  Esa era la tarea del nuevo gobierno. Repartir la riqueza equitativamente. Matizar la desigualdad. Pero se fueron por otro lado. Rapero AR lo que hubiera sin preocuparse por que hubiera más. Patear el horrible neoliberalismo sin pensar que está matizado pudiese convertir a nuestra sociedad en una economía demócrata cristiana o demócrata social muy oportuna.

En la película de Buñuel, en el colmo del surrealismo, las ovejas balando. Un tren de vapor a toda velocidad. Obsesiones sexuales del aragonés, pantorrillas, medias... así está la sociedad mexicana, anonadada con lo que pasa y como se responde a la irrealidad.