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La travesía de los encuestadores del Inegi: inseguridad y hambre

Angélica empieza su jornada a las 9 de la mañana, y si decide adelantar su trabajo termina después de las 8 de la noche. Así como ella hay muchos encuestadores, que caminan de sol a sol para completar un Censo de Población y Vivienda que se hace cada 10 años

  • IVONNE ORTIZ
  • 10/03/2020
  • 16:15 hrs
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La travesía de los encuestadores del Inegi: inseguridad y hambre

Angélica camina de sol a sol con la esperanza de lograr una encuesta más. Así comienza y termina su día, tocando puertas y platicando con gente. Esta es la travesía de los encuestadores del Inegi.

Los trabajadores que preguntan tu nombre, edad, número de familiares y de habitaciones, tienen la obligación de hacer la misma encuesta 25 veces al día. Angélica empieza su jornada a las 9 de la mañana. Así como ella muchos de sus compañeros se levantan temprano, con la esperanza de completar una cuota de cuestionarios.

Angélica ha realizado encuestas después de las 8 de la noche 

Los encuestadores del Inegi tienen que guardar en una Tablet los datos de 130 censos a la semana. Eso equivale a visitar 21 cuadras en un día.

“A veces nos agarramos las manzanas completas, para acabar pronto. Yo ahorita estoy atrasada, por eso no he terminado mis encuestas” platica Angélica cuando le preguntamos por qué estaba por las calles después de las 8 de la noche.

Los encuestadores se tienen que identificar con una credencial, y con su uniforme 

Ya pasó una semana desde que comenzaron los censos. Los colaboradores iniciaron el 2 de marzo y terminarán el 27, casi un mes de pasar casa por casa. Por este periodo de trabajo cada uno de ellos recibirá un poco más de 9 mil pesos, claro, ya descontando los impuestos. Además de esta cantidad Angélica cuenta que sus supervisores les dan 750 pesos a la semana “pero pues se nos va en los camiones, o en taxis. Como ahorita que ya es tarde mejor me voy en taxi porque no vivo por aquí”, dice mientras censaba en la colonia Los Ángeles 2.

Hombres y mujeres guardan los resultados de las encuestas en tabletas

Algunos encuestadores sufren desplantes por los dueños de las casas, otros ni siquiera los reciben, les cierran la puerta en la cara. Pero justifican que es por la inseguridad, la gente tienen  miedo de abrir la puerta a un desconocido. Si a eso se suma el calor de un día soleado y el hambre acumulada, el día de los encuestadores empeora.

Algunas chicas aprovechan para llegar al establecimiento de comida rápida que esté más cerca 

Angélica y sus compañeros tienen que detenerse en una pizzería cercana o en un puesto de quesadillas, y si algunos corren con más suerte y viven cerca de la zona, llegan a sus casas para comer.

Pero ¿cómo es el reclutamiento de estas personas?

Angélica recibió una invitación en su correo para colaborar como encuestadora del Inegi. Contó que el proceso es similar al que realiza el INE, pues los trabajadores aceptan su labor como ciudadanos, y salen a las calles.

Caminar de día y de noche representa un riesgo para los trabajadores. Angélica platicó que anoche le robaron una memoria USB en la que resguardaba todos los datos de las encuestas. “Ahora tendré que pagarla, ya qué”, dijo con una voz de preocupación. A pesar de que le platicó a su supervisor que fue un incidente de trabajo, señaló que de él depende si ella tendrá que reponer el costo de la memoria.

Las calles de la zona centro también son los espacios de los encuestadores 

En otra ocasión, a una de sus compañeras la trataron de meter a una casa, a la fuerza. Contó que pudo zafarse y escapar, pues los dueños de la vivienda querían encerrarla en el domicilio.

La inseguridad a la que se exponen es un riesgo diario, por eso algunos encuestadores deciden adelantar el trabajo para terminar pronto, antes de que llegue la noche.

Entre mujeres se acompañan para aligerar el día 

Al ofrecerle un vaso de agua a Angélica, se negó. Dijo que no tienen permitido recibir un vaso de agua o comida. Su seguridad es primero, por eso no lo hacen.

Así es la travesía de hombres y mujeres que vemos en las calles, todos portan un chaleco café y  un sombrero para cubrirse del sol. Son encuestadores del Inegi que cumplen con su trabajo, día a día.  

Las encuestadoras tuvieron que trabajar el 9 de marzo, a pesar de ser #UnDíaSinNosotas