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Doña Mago sobrevive al covid a sus 69 años: “no era mi momento”, dice

Con un tanque de oxígeno a un costado y durmiendo boca abajo para poder respirar, Margarita “tambaleaba” entre la vida y la muerte. Hoy, ella misma lo cuenta

  • IVONNE ORTIZ
  • 25/01/2021
  • 13:06 hrs
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Doña Mago sobrevive al covid a sus 69 años: “no era mi momento”, dice
Guanajuato suma 103 mil 352 casos confirmados de covid-19 y 7 mil 466 muertes. Los adultos mayores son los más vulnerables (Foto: Cortesía)

Margarita Aguiñaga García tiene 69 años. Su hija Goretti la describe como una persona muy alegre y activa. Iba y venía al templo de su colonia y salía a hacer su “mandado” como cualquier otra señora. El covid-19 entró por su puerta el 17 de diciembre del 2020, y le hizo sentir la muerte de cerca.

Días en los que “una noche más ya era ganancia”, dice su familiar.

Lo que empezó como un dolor de cabeza y espalda se convirtió en un calvario para Doña Mago. Una semana después un doctor la atendió y le dijo que tenía coronavirus.

“Creíamos que era de los riñones. Como ella no perdió el sabor y el olfato pensamos que era otra cosa, menos covid”, dice Goretti Guadalupe Navarro Aguiñaga de 30 años, hija de Margarita.

Para entonces la paciente ya no tenía apetito y su saturación de oxígeno era de 82%—cantidad de oxígeno disponible en la sangre—, un número por debajo de la saturación normal, que tendría que ir entre el 95% y 100%, según especialistas médicos.

TRES SEMANAS QUE SE CONVIRTIERON EN UNA ETERNIDAD

En una casa de la colonia Los Ángeles 2, la vida de Margarita se resumía en días que tenía que dormir boca abajo para poder respirar, en días en que sus familiares salían varias veces para conseguir oxígeno, incluso llegó a tratarse con tres doctores diferentes.

Su cuarto se había convertido en una habitación de hospital. Medicamentos, tanque, cubrebocas, y oxímetro, ya eran parte de su rutina, una rutina que la acercaba al miedo de morir, pero sobrevivió.

“Soy una más del covid (…) El covid le da a mucha gente, pero no a todas igual, creo que a mí me dio uno de los más fuertes porque todavía estoy en cama, necesito mucha recuperación, pero el doctor me dio de alta, dijo que yo ya no tenía covid”.

 

Pasaron tres semanas de calvario para que Doña Mago se recuperara un poco, y al menos pudiera comer sola y dejara de usar pañal. Mientras tanto, la Navidad y el Año Nuevo fueron fechas tristes para la familia, en las que lo único que pedían era que su abuelita sobreviviera.

Fue el 8 de enero cuando Margarita comenzó a mejorar. Con la fe que la caracteriza, dijo que no era momento de morir, que las oraciones y el apoyo de su gente fueron su salvación.

“Todo esto se lo atribuyo a Dios y a la oración de tanta gente (…) otra cosa, no era mi momento todavía. También encontramos a un doctor, pues, el adecuado, fueron tres los que me vieron, de los tres, el último fue el que acertó. Me quitó mucho medicamento, me dejó como dos o tres”, relata por un audio de Whatsapp.

SU FAMILIA, UN PUENTE PARA VOLVER A LA VIDA

Nunca estuvo sola, sus familiares estuvieron en la batalla de día, y también de noche. La miraban con la “sensación de impotencia” de ver que Margarita llegó al punto de rendirse, cuenta Goretti. “Fue algo terrible, creo que no se lo deseo a nadie, el ver a una persona que amas en esta situación es una sensación de impotencia”. Hoy, su madre le agradece el tremendo cariño.

“Sobre todo nos ayuda mucho el amor, el acercamiento de la familia. Aquí yo tengo a mis hijas, a mis hijos, que todos nunca me han dejado”.

En el punto más crítico de la pandemia en Guanajuato, Doña Mago pide a los familiares de pacientes covid-19 que no los desamparen.

“Hagan lo mismo con sus familiares, no los dejen solitos porque si ustedes supieran como los necesitamos tanto, creo que es lo que más nos ayuda a salir adelante, pero sobretodo acérquense a Dios”.

COVID: UNA ENFERMEDAD QUE LES COSTÓ CERCA DE 25 MIL PESOS

El testimonio de su hija es escalofriante, por teléfono cuenta que hicieron de todo para mantenerla viva. Desembolsaron dinero de donde no lo había, y sumaron esfuerzos con remedios caseros, y vitaminas.

“No fue solo el medicamento, investigamos remedios, tés, hicimos la lucha de mil maneras, que en nosotros no quedara, y pues aquí está mi mamá”.

Confiesa que gastaron cerca de 10 mil pesos en el tanque oxígeno y las veces que los rellenaron. Por el medicamento, la cuenta llegó hasta los 15 mil.

“Vimos muchas opciones y hay personas que de verdad sí están lucrando. Teníamos dos tanques porque uno le duraba un día y medio: uno lo íbamos a rellenar ahí en la Obregón y ya después en Infra, creo que son las mejores opciones”.

A Margarita la atendieron tres doctores: los primeros dos, no le daban muchas esperanzas de vida, pues uno de sus pulmones funcionaba al 10% y otro al 40%.

El segundo médico les cobró 3 mil 500 pesos por valorarla en su casa y recetarle un tratamiento que sobrepasó los 5 mil pesos. Además, les “quitó” el medicamento para desinflamar los pulmones, situación que la llevó a tener dificultades para respirar.

“No mirábamos la mejoría con el medicamento del doctor, al contrario, ella dijo que la internáramos, un día antes de Navidad. No podía respirar bien, le dolía el pecho, no tenía hambre, nosotros la hacíamos comer para que no se debilitará más”.

Fríamente el médico le dijo a Goretti que su mamá se iba a morir. “Ya sea que lo esperen en su casa o la internen, de todas maneras va pasar lo mismo”.

El tercer doctor fue quien la dio de alta, y le dijo que ya no tenía coronavirus. Aunque Margarita sigue en cama por las secuelas que le dejó el virus, como la ansiedad, y ese miedo de enfermarse de nuevo.

“Siente una pesadez en los pulmones. Empieza a decir: me siento muy agitada. El pecho se empieza a mover más rápido, empieza con nervios, nosotros tratamos de distraerla, de hablarle, para que se tranquilice”, dice Goretti.

EL DOLOR DE CUIDAR A UN PACIENTE COVID

El trabajo de Goretti cambió de un día a otro: de estar en el área de etiquetado en una empresa refresquera a cuidar a su madre 24/7.

Con un nudo en la garganta, la chica de 30 años le llama “infierno” a esas tres semanas en las que su madre se agravó. Confiesa las personas no dimensionan lo tormentoso que es tener a un familiar enfermo de covid.

 

“Uno no sabe hasta que lo vives en carne propia, es un infierno lo que estás viviendo”.

El drama que vivió la familia Aguiñaga refleja la seriedad con la que la pandemia ha aterrizado en Guanajuato. Pues suman 103 mil 352 casos confirmados de covid-19 y 7 mil 466 muertes hasta hoy, de acuerdo con la Secretaría de Salud Estatal. El semáforo epidemiológico es rojo, y la crisis de las familias también.