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"Crecerán milagros"; Kattya cuenta su historia

Ella es Kattya Valentina, la única sobreviviente de la explosión en una casa AirBNB en Guanajuato capital, donde Marcela, María y Elías perdieron la vida

  • ALEX RAMBLAS
  • 06/03/2020
  • 19:55 hrs
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Crecerán milagros; Kattya cuenta su historia
La joven presentó quemaduras en el 45 por ciento de su cuerpo

En marzo de este año se cumplirán 12 meses de la trágica explosión en una casa en el barrio de Tepetapa de Guanajuato capital que causó la muerte de tres de los cuatro jóvenes que rentaron ese sitio a través de AirBnB para hospedarse y visitar la ciudad.

Fue el 18 de marzo del 2019 cuando en una casa ubicada en Tepetapa se suscitó la explosión que cobró la vida de Marcela Villarreal Segura de 23 años (originaria de Saltillo); María Fernanda Meneses, de 21 años (originaria de Acapulco); y Elías Ascary Marún Plascencia, de 22 años (originario de San Francisco del Rincón, Guanajuato). Kattya Valentina Muñoz Muñoz, de 22 años y originaria de León, fue la única sobreviviente, quien a casi un año de haber vivido este terrible suceso, da su testimonio. 

La Revista HA ha publicado una portada en homenaje a Kattya, donde ella misma redactó una carta al mundo, donde refleja sus más íntimos pensamientos sobre la muerte, la vida y cómo aprovechar los instantes del presente.

Portada de la revista HA. Fotografía: Ana Luisa de la Torre/Revista HA

El testimonio de Kattya ha hecho derramar lágrimas; nos cuestiona sobre qué es lo esencial en nuestra vida; nos ha hecho recordar a las personas que amamos. En definitiva, es una carta que alienta a vivir la vida, vivir amando y a aprovechar cada momento.

A continuación, presentamos el testimonio íntegro de Kattya Valentina, la joven diseñadora que renació…

“Mi nombre es Kattya Valentina y les quiero compartir un suceso que cambió mi vida. Un día de marzo del año pasado (2019) unos amigos y yo tuvimos un accidente trágico en el cual fui la única sobreviviente. El accidente fue en Guanajuato capital, y fue el resultado de la acumulación de gas dentro de las instalaciones sonde nos hospedamos por la madrugada.

Obtuve quemaduras del 45% de mi cuerpo, pero también obtuve una experiencia que el día de hoy me hace reconocer mi compromiso de vivir más feliz y aprovechas los instantes de mi presente.

Redacté el siguiente texto en el cual comparto mi sentir un año después de este renacer.

Cerrar los ojos todas las noches, recordar todavía ese suceso con detalle y revivir algo que me ha marcado de por vida. Sentir la piel helada al escuchar en mi mente aquella explosión. Algo que nunca imaginé que me pasaría. Sí, muchas veces me veo al espejo y le pregunto a Dios: ¿Por qué yo?, ¿por qué a mí? En seguida viene a mi mente la respuesta: porque té estás aquí, sigues en esta vida por la cual luchaste tanto por estar, por la cual todas las veces que entraste a un quirófano dudaste si seguirías, dudaste si dejarías de estar con tu familia, con tus amigos, con tu novio. Dudaste, pero confiaste también en que Dios no te dejaría. Sentiste esa paz cada vez que veías en cámara lenta cómo el anestesiólogo te colocaba una mascarilla que te dejaría inconsciente. Sentiste esa paz desde el primer segundo en el que Dios te iluminó para reaccionar ante ese suceso, lo sentiste presente al encontrarte con ángeles disfrazados de personas que nunca te dejaron sola hasta estar a un lado de tus familiares.

Es normal, creo yo, sentir ganas de reprocharle a Dios el por qué.

Imagino que todos lo que hemos enfrentado un problema difícil en nuestras vidas nos encontramos en este punto en el que lo señalamos culpándolo de nuestro dolor e indiferencia ante la vida. Sin embargo, después de ese enojo, siento la fortaleza de querer estar, de querer ser, de vivir y sentirme más viva que nunca. De disfrutar lo que me gusta hacer, y ver la grandeza en los pequeños detalles. Porque cuando estás meses en cama y conectada, vendada y sin poder mover ninguna extremidad; sin internet, sin celular, sin cable en la televisión del cuarto en el hospital donde te encuentras, solo con la oportunidad de ver coches pasar por la ventana y así sentir pasar el tempo, preguntándole a las enfermeras qué las hace felices para socializar y que la hora de visita en el que ves a tus familiares llegara pronto.

Revista HA. Fotografía: Ana Luisa de la Torre/Revista HA

En esos instantes de la soledad, recuerdas y anhelas vivir momentos en los que en aquel presente no imaginabas lo feliz y plena que eras, hasta que los valoras e imaginas vivirlos de nuevo. Detalles tan simples como disfrutar una taza de café con su aroma, ver y escuchar la lluvia caer, oliendo también la tierra mojada, pisar el pasto sin zapatos, caminar y sentir el cálido sol en tu rostro, recordar el sonido de las olas en la playa y también observar el mar infinito mientras caminas en la arena, imaginando lo diminutos que somos ante el mundo. Leer tu libro favorito en tu lugar favorito, pintar un cuadro, comer con tu familia y escucharlos reír. Vivir y simplemente vivir.

Son los momentos difíciles los que nos permiten valorar la vida, los que nos permiten disputar el recorrido de este camino que se compone por instantes. Porque sí, somos instantes, nunca sabemos cuándo será el día en el que Dios nos llame, ni sabemos los cambios a los que nos enfrentaremos como seres adaptables. Pero más que nada; nunca sabemos ni imaginamos el impacto que dejamos en el mundo y en la gente que nos rodea.

Aunque pensemos que nuestro caminar no deja huella en los demás, siempre deja marca, siempre nuestra presencia deja rastro y es importante reflexionar si es positivo o negativo, hasta en las pequeñas acciones. Podemos ser luz para el mundo, como también podemos ser obscuridad, nosotros decidimos si alumbrar nuestro camino y el de los demás. Ver a los demás con empatía y pensar en la belleza interior en una época en la que se invierte demasiado tiempo, esfuerzo y dinero en la exterior. Amar, vivir, disfrutar y ser luz para ti y para el otro, disfrutar tanto de los demás, siempre teniendo en cuenta que somos tan solo un instante en este mundo.

En fin, nunca imaginé que a partir de este accidente mi vida y mi futuro cambiaran tan repentinamente y que Dios se llevaría en un instante a tres angelitos. Pero hoy tengo en cuenta que por algo estoy aquí y en lo que encuentro ese por qué, mi misión de vida es amar y ser feliz.”

-              Kattya Valentina